jueves, 18 de julio de 2013

Cómo "hacer" para sentirse "bien"...

Tenemos un cuerpo compuesto por aproximadamente 72.000.000.000 de células.
Las hay con diferentes funciones: algunas se contraen y expanden y forman los músculos, otras transportan oxígeno y conforman parte de la sangre, las hay que se mineralizan y componen los huesos y así transmisoras de electricidad, des-componedoras de alimentos, transportadoras de diferentes sustancias químicas, de unión, de reservar energía, de proteger, de aislar, reproductoras y muchas más. En total se cree que tenemos más de 200 células diferentes. Cada célula está gobernada por el cerebro. Es el que le indica cuándo, cómo, cuanto, donde y con quién actuar. Estas órdenes las da el cerebro de manera autónoma y/ o a voluntad nuestra. Por ejemplo, la orden para que el corazón lata es automática e independiente (salvo entrenamiento específico y especial) en cambio para sujetar algo, el individuo mueve la mano y los dedos y provoca la contracción de determinados conjuntos de músculos a su voluntad y decisión. Al conjunto del funcionamiento cerebral podemos llamarlo mente. La mentalidad está conformada por el pensamiento, los recuerdos, las creencias, los valores (estos dos últimos creados y desarrollados desde nuestro nacimiento como “herramienta” de organizar la información que nos ofrece la vida), los deseos, la voluntad (hay quién le llama vitalidad) y más “cositas”; y nuestra forma de percibir un estado mental es mediante las emociones. Las emociones son nuestro mecanismo de percepción de una experiencia determinada ya sea actual o pasada, real o imaginaria, propia o ajena. Digamos, para entenderlo mejor, que las emociones son la manera que tenemos de darnos cuenta de cómo va nuestro mundo. Ya que el mundo es una cosa y el color con el cual lo vemos, otra.
Los hechos, las experiencias que vivimos están absolutamente determinados según la forma en que cada cual las interpreta y las vive emocionalmente.
Tomemos el ejemplo de un hecho: una pareja se separa. Este hecho es vivido con diferente intensidad, duración y emociones por dos personas diferentes. Es más, una misma persona no vive una separación sentimental igual que otra; ¡y es el mismo hecho! Y más aún; cuando me separé de mi primera novia, Lucía, me quería morir. La vida no tenía sentido, ¡Estaba hecho polvo!; hoy, 35 años después, por supuesto que no siento lo mismo a pesar que el hecho sigue siendo el mismo y es que Lucía me dejó…
Las emociones que percibimos están muy condicionadas por nuestro carácter, nuestra experiencia de vida (creencias y valores), nuestra salud física, nuestra espiritualidad (fe, vitalidad, identidad). Claro que no podemos elegir cómo nos queremos sentir, sin embargo, cómo aprendemos a conocernos, cómo nos alimentamos y cuidamos nuestra salud y cómo evolucionamos como personas determina cómo nos vamos a sentir.
Nuestro estado emocional ante cada circunstancia de la vida y especialmente las dificultades, es una consecuencia directa de nuestro auto conocimiento, de nuestra capacidad de gestión mental, de nuestro estado de salud física (alimentación, ejercicio, actitud).
Es decir: Emociones-Mente-Cuerpo están completa y permanentemente inter-relacionados, son un sistema y cuando uno de ellos cambia los otros cambian también para mantener el equilibrio.
Visto esto, si experimentamos un pico de tristeza intenso, por ejemplo, nuestra actividad mental se ha de modificar y nuestra actividad corporal (celular) también para seguir equilibrados. A veces no lo percibimos y otras sí. La manera de percibirlo es mediante una modificación del funcionamiento orgánico (estreñimiento, diarrea, presión sanguínea alta/ baja, sueño alterado, disfunción sexual, sudoración, tensiones, etc.), otras veces ese conflicto emocional –al que asociamos en este ejemplo con “tristeza intensa”- se manifiesta a través de una enfermedad (un determinado sistema u órgano funciona mal) y también se puede expresar modificando un comportamiento de forma permanente o provisional (depresión, ansiedad, irritabilidad, apatía, cansancio, inapetencia, etc.)…
Es decir que, si te duele la cabeza, el cuello, las lumbares y/ o la barriga (por citar unos ejemplos de dolencias comunes) todo junto o por separado; es muy probable (salvo en casos de intoxicación o traumatismo) que previamente a la aparición del dolor hayas vivido una situación emocionalmente conflictiva de la que no eres consciente. Para resolver la molestia y los síntomas, a veces es suficiente con un “arreglo” químico –medicina- y a veces no. A veces es suficiente con un “arreglo” emocional –el factor des-estabilizante y otras no.
Muchas veces es necesario ambas, solo tu elijes el camino de tu vida y por dónde empezar a recorrerlo.
Que no te falte suerte y sabiduría para discernir.


2 comentarios:

  1. Me gusta! Quiero aprender a discernir!!

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  2. ¡¡¡Ya lo estás haciendo!!!
    El hecho de no acomodarte, de buscar otras opciones, de tener la inquietud y la apertura de entender actitudes diferentes de las que han enseñado y/ o has aprendido con tus experiencias; esto y otras cosas hace que tu estado de consciencia ante determinadas situaciones y experiencias esté atento y puedas, a veces, elegir. Ánimo!

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